Niños del fútbol, niños de la calle

por La voz del pueblo

Rafael De Loma 12.07.2013 |

Recuerdo haber visto cuando era chico, a un niño de mi calle dar más de cien pataditas a una caja de cerillas sin que esta cayera al suelo y sin sacar pecho ni buscar el aplauso del público de la acera.No era de mi banda. Lo he contado ya pero lo vuelvo a contar. Era de los que nos tiraban piedras y casi siempre acertaban en nuestras peinadas cabecitas. Nunca habíamos visto nada igual. Aquel chavalillo, que parecía extraído de una de las películas que hacía Cifesa y que tenía como protagonistas a enanos de la excelsa calidad artística de Joselito, mostraba las mismas habilidades y hacía las mismas filigranas sin balón que las que eran capaces de hacer los astros argentinos o húngaros que llenaban por entonces el fútbol español de arte y belleza. El genio del balón no pudo triunfar porque una tuberculosis se lo llevó por delante. Intentaron recuperarlo en el Sanatorio del Paseo Marítimo, pero no hubo nada que hacer.

Había otros «figuras» que, con un trozo de papel arrugado, hacían encajes de bolillos y creaban un corro de admiradores en un segundo. Pero ninguno de ellos pasó más de tres veces la ITV de la salud que tantos garbanzos necesitaban.

Todavía, en el lenguaje coloquial, había frases que mantenían su vigencia desde que se crearon en la guerra. «Cuando un español come jamón, o está malo el jamón o está malo el español». Y, claro, sin garbanzos y sin jamón, poquito podía correr por la banda el habilidoso enclenque capaz de hacer tres driblings seguidos y meterse bajo los palos? porque terminaba agotado y tenían que llevarlo a las urgencias.
Hoy los niños que hacen maravillas con un balón homologado, perfecto, residen en Masías, visten unas equipaciones fabulosas, tienen un servicio médico de primer nivel, disponen de dietistas y nutricionistas, reciben lecciones teóricas, técnicas, estratégicas y, encima estudian gratis una carrera. Por la fuerza de la estadística, de estos cuarteles de alevines tan bien tratados, tienen que salir algunos que vuelvan locas a las aficiones y que, con los millones de sus traspasos, compensen los esfuerzos económicos de los clubes.

Es la diferencia de la España futbolera de ayer y de la de hoy. Sin embargo, pese a esas maravillosas escuelas de fútbol infantil, pese a esas instalaciones magníficas que casi todos los clubes de Primera poseen, siguen llegando a nuestro fútbol los mejores jugadores del mundo que nacieron a miles de kilómetros de nuestro país. La selección nacional es un ejemplo vivo de la salud deportiva del fútbol patrio, que, a diferencia de las de clubes, no necesita de gente de fuera.

El fútbol español está considerado hoy como el mejor del mundo. ¿Es por las escuelas de los grandes clubes? ¿Es porque ya no hay tanta necesidad de que los niños coman jamón de jabugo y garbanzos?

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